HAITÍ Y CHILE…

LATINOAMÉRICA EN EL CORAZÓN

 

 

Por: Olivier Herrera Marín*

 

 

HAITÍ

Desde hace seis días Haití, la Perla Negra del Caribe, se debate entre la vida y la muerte, se estremece y muere, y no por culpa de la fatalidad ni de la Madre Tierra, ya que si el mismo terremoto - con idéntica intensidad- tuviera lugar en USA o el Japón, estaríamos hoy hablando -a lo sumo- de tres muertos y una docena de heridos.

Haití, sumida hoy en el caos más absoluto, sin comida, sin hospitales, sin medicinas, sin justicia y sin ley, arrastra penosamente por las calles desoladas de Puerto Príncipe donde la muerte acecha y la vida no vale nada, su cruz, su inconsolable pena. Haití, se nos derrumba y sucumbe, se nos muere alucinada ante los ojos húmedos e impotentes de los ciudadanos del mundo distante, opulento y cansado, cuando no son los ojos fríos, impasibles e inhumanos de quienes -como el Obispo de la Diócesis Vasca de San Sebastián Monseñor Munilla- sólo les preocupa su Dios y les mueve la salvación eterna del alma de los pobres negritos, que el cuerpo, la carne, es el enemigo del alma, es la razón del pecado.

Haití, pese ha haber sido la primera en romper su yugo de esclava el 1 de Enero de 1804 se nos hunde hoy y perece en el abismo de su infernal pobreza, alcanzada y derribada sísmica y sistemáticamente por el zarpazo terrorista e inmisericorde de su perenne tragedia social y política, humana, porque no es la Tierra, no es la naturaleza la primera y la última ni la más responsable de su situación endémica, de cuanto le ocurrió hasta el 12 de enero de 2010 y le está ocurriendo hoy, seis días después del movimiento sísmico.

Haití, sojuzgada y saqueada, esclavizada y violada por los hijos y los nietos -con derecho a pernada- de Isabel y Fernando y del “Rey Sol” cuando encontró las fuerzas para levantarse y sacudirse, romper su yugo de esclava -el 1 de Enero de 1804- estaba ya tan exhausta y desangrada que fue una presa muy fácil para los casacas azules y los marines USA, para todos los “Hijos de la Gran Bretaña” todos esos opulentos matones perdona vidas, que hoy, cuando nadie ignora ni puede ignorar los orígenes y las causas de cuanto ha ocurrido y está ocurriendo en Haití, aún tienen el rostro de presentar sus regias condolencias al pueblo de Haití y mover sus muy ilustres y horondas posaderas para correr a Puerto Príncipe como si fuesen los ángeles de la guarda y poder hacerse la foto del recuerdo, con todos los medios de comunicación, radio, prensa y televisión, presentes, que han de ejercer de notarios y dar fe de la entrega de los cascabelitos, las banderitas y los abalorios, los dos sacos de harina blanca y las cuatro carretas de cacahuetes con tres toneles de agua bendita gentileza de algún prelado iluminado para los pobres negritos de Haití.

Y no sigo con Haití por no mentar…

 

CHILE

Se ha perdido una batalla, ciertamente importante, que en realidad ya estaba perdida, desde el mismo día en que la Concertación culmino su ciclo vital y firmo su acta de defunción, al enrocarse y negarse a abrir las puertas y las ventanas para que se ventilasen las habitaciones oscuras e insalubres y entrará el aire fresco, y la gente nueva capaz de volver a ilusionar al electorado de centro izquierda. Se ha perdido una batalla, pero nada se ha perdido para quienes les queda la fuerza para levantarse, la capacidad de soñar y crear el amor y la vida, para quienes tienen el futuro en sus manos al tener; la experiencia y la dignidad, la juventud y la salud, la conciencia crítica y solidaria, los conocimientos más amplios, genuinos y profundos, la fuerza de la razón y la palabra. Jorge Arrate y Marco Enríquez-Ominami tienen y tendrán mucho qué decir, sumando multiplicarán y seguro que no son ni serán los únicos que pueden revertir la situación a cuatro años vista. Éste es tan sólo un paso atrás en la imparable marcha del Pueblo Chileno y los pueblos de Latinoamérica hacia las cumbres de la Gran Cordillera en el Bicentenario de su Propia Independencia .

 El futuro de las tierras y el trabajo, el amor y la vida de los pueblos de Chile y de Latinoamérica, están en el nombre y la memoria, la semilla, de Simón Bolívar y José de San Martin, de José Antonio de Sucre y José Gervasio Artigas, de Antonio Nariño, de Miguel Hidalgo y José María Morelos, de Bernardo O’ Higgins y Mariano Moreno, de Emiliano Zapata y Luis Emilio Recabarren, de Salvador Allende y Gladys Marín. Están en las voces resueltas, firmes y poderosas de Vicente Huidobro y del Canto General de Pablo Neruda, en las voces de Victor Jara, Nicanor y Violeta Parra, de Mario Benedetti y Daniel Viglietti, de Juan Gelman y Mercedes Sosa, de César Vallejo y García Márquez, de José Martí y Nicolás Guillén.

El futuro de las tierras y el trabajo, del amor y la vida de los pueblos de Chile y de Latinoamérica, están en la ancestral y profunda sabiduría de las comunidades indígenas de Oaxaca, Guerrero y Michoacán, de Chiapas, Campeche y Yucatán, en las humanas y más dignas razones de los zapatistas, en la desesperación y justa rebeldía que embarga el alma de los más, en la fiel memoria, el amor y el valor de las abuelas de la plaza de Mayo, en la cultura y la nobleza, el valor y la sencillez de los tehuelches y los mapuches, de la población náhuatl, de los mayas y los guaraníes, de los quechuas y aymarás, en la defensa de la Madre TIERRA y voz telúrica del viento y la luz de sus ancestros; Lautaro, Pelantaru, Lientur y Caupolicán, de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, de Túpac Katari y Bartolina Sisa, de Manuela Beltrán y José Antonio Galán, de mama Dolores Cacaungo, en el espíritu Pachakuti de los Pueblos originarios, el nuevo despertar de los hijos de la Pachamama y el Tata Inti.

 

* Presidente, Asociación Internacional de Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía

 

Sobre la  segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile

 

Por: Norton Contreras Robledo

 

En realidad la  segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile, el 17 de Enero del 2010, será entre fuerzas políticas que con diferentes matices defienden el mismo sistema político, social y económico. Tanto la Alianza por Chile como la Concertación defienden y llevan a cabo una política neoliberal.  Sigo pensando en que votar por la Alianza Por Chile  o por la concertación, es como elegir entre la coca- cola y Pepsi cola. Y  que no se puede ser izquierda y apoyar al liberalismo. Pero la vida y las situaciones políticas no son en blanco y negro, están llenas de matices. Nunca  antes la derecha había tenido una opción tan real de llegar al poder. Y si bien es cierto los de la concertación son mis adversarios, los de la  Alianza son mis  enemigos . Y no quiero ver de ministros de estados a los fascista que un día fueron militantes de Patria y Libertad y del Comando Rolando Matos, cuya consigna era: " Comando Rolando Matus, comunista que veo lo mato".

Como Militante del partido comunista, me es muy difícil aceptar el hecho de votar por la concertación, pero entiendo que de lo que se trata es de parar a la derecha neoconservadora, fascista y golpista que apoyaron a Pinochet y la dictadura. También entiendo que es  un paso táctico, y no es una alianza estratégica, porque nuestra meta es el socialismo y una alianza estratégica será con las fuerzas políticas y sociales que están por el socialismo en Chile.  La segunda vuelta  será entre  la derecha. y si bien es cierto que el Gobierno de la Concertación representa a los sectores que asumieron como propio el proyecto de la dictadura, aplicando algún parche para que siguiera todo igual, adscribiéndose plenamente al neoliberalismo y profundizando el modelo. No obstante en el  gobierno de la Presidente Bachelet se dieron algunos pasos positivos como la creación de la pensión solidaria, mejorías en la justicia laboral, la ampliación de la red pública de jardines infantiles mejoramiento en la calidad de las viviendas sociales y subsidios y empleos de emergencia a sectores afectados por la crisis económica global y un acercamiento hacia un frente común de solidaridad en América del Sur. Avances y paliativos que  no son suficientes porque no tocaron las causas de aquellos males. Por lo menos ha habido una preocupación una sensibilidad por los pobres.

En cambio  de Sebastian Piñera , candidato a presidente por la Alianza Por Chile,  No se puede esperar absolutamente nada en beneficio de el pueblo y de los trabajadores. La derecha ha sido un obstáculo objetivo para implementar reformas sustanciales en cuestiones tan sensibles como Derechos Humanos, Legislación Laboral, Regulación Medioambiental, Fiscalización a los Fondos Previsionales,  La Alianza Por Chile representa a los sectores más reaccionarios del capital interno. Y que cuenta en su comando de campaña con los "hijos putativos" del General Pinochet. Gestores y cómplices junto con la CIA, del golpe de Estado en Chile. Autores y sostenedores de la dictadura que terminó con el estado de derecho, y por ende con la democracia en Chile. Dando inició al periodo más, siniestro y nefasto de la historia de Chile. Todo con el objetivo de implantar en Chile la política neoliberal. Votar por la alianza es votar por el pinochetismo. La alianza por Chile con Sebastian Piñera de presidente, seria como la vuelta a la Moneda del pinochetismo, sin el general Pinochet.  Por lo tanto para las fuerzas democráticas y progresista es un gran desafío el que tienen frente a la segunda vuelta. Y no es el votar por " el mal menor" o votar por " el mal mayor" o simplemente votar en nulo o en blanco. Sino que la actitud y decisión política será ; dejar que el pinochetismo llegue de nuevo a la Moneda, esta vez mediante las urnas . Por eso el 17 de enero hay que decirle a la derecha: "¡No pasarán!"

 En todo caso lo fundamental es seguir haciendo camino. La lucha continúa.  De lo que se trata es la construcción de una alternativa de izquierdas en Chile. La construcción de la unidad amplia en la base política y social, de fuerzas democráticas, progresistas, anticapitalista. Un frente unitario antineoliberal.  con personalidad y perfil propio, de carácter proletario, revolucionario. Que sin dejar de lado la lucha parlamentaria, tenga en claro que el problema de la sociedad chilena es estructural y que esta no se va a resolver con que  el pueblo y sus partidos y organizaciones tengan algunos representante en el parlamento. Para los cambios estructurales,  el pueblo, los partidos políticos y las organizaciones sociales de bases tienen que llegar al gobierno, a una parte del poder.Y desde ahí avanzar en los cambios que conlleven a una sociedad socialista basada en la democracia participativa construida desde la base del poder popular.  Esto se puede y debe conseguir  a través de la lucha de clase, de la movilización social y del enfrentamiento directo contra el sistema neoliberal . Es en este marco y en este contexto en que la unidad de la izquierda seguirá desarrollándose y fortaleciéndose.

 

 

 

Presidenciables de a peso

Tito Alvarado. Poeta. Chile / Canadá



Hubo un tiempo, ya perdido en el pasado reciente, ese mismo que olvidamos tan pronto lo vivimos y con ello volvemos a caer en el fatalismo de tropezar otra vez con la misma piedra, en que había candidatos de a peso el ciento. Quizá las elecciones presidenciales en Chile tengan más de circo que en otros lados, quizá sea una forma cultural de expresarse, quizá sea todo un homenaje a la mala memoria o sea una forma de vivir el choque eléctrico, que nos anima cuando nos creemos el cuento chino de que nuestra razón es superior a la de los demás.

Todos los candidatos en su momento tuvieron buenas razones para presentarse a presidente del país. Algunos se quedaron en el camino, cuatro siguen en la contienda, que más tiene de vanidad personal, que de bien colectivo. Tengo la duda de si fue uno o fueron dos los candidatos de los que muy poca gente se enteró de su existencia como tales. A poco andar renunciaron, uno dio la razón ponderable de que ya se había logrado el objetivo trazado, el otro decidió apoyar otro candidato. Como eran candidatos, digamos, “menores”, nadie dijo nada cuando se le dio la

última paletada a sus candidaturas.

Hubo otros dos que entraron con mucha pompa. Confieso que cometí el horror de confiar en la capacidad de abrir la boca y decir sus verdades que insinuaba la candidata. La realidad demostró ser más pringosa que la fantasía y esa realidad de uñas y espinas se impuso. La candidata renunció mucho antes de haber renunciado, me inclino a pensar que nunca entendió que ser candidata era recorrer el país y en cada lugar escuchar, resumir y proponer. Ella priorizó dejar en la vereda de enfrenta a quienes en ella confiaron y dar su apoyo a otro candidato, que, para mal de males, renunció al poco tiempo, también para apoyar a otro candidato. Dice un tango que “es un soplo la vida, que veinte años no es nada”, parece que estos candidatos se confundieron de letra y dejaron escrito en hechos indelebles que “es un circo la vida, que una candidatura no es nada” Quienes confiaron en ellos fueron defraudados, pero lo peor es que una conducta tan poco sería, tan de poca dignidad, tan de chiste cruel hace menos confiable la tarea política de proponer un camino para los cambios sociales que el país necesita.

Continúan en la recta final cuatro candidatos, tal cual lo expresa un señor político por el cual alguna vez tuve algún respeto, pero ahora sus actos demuestran que es un charco la vida, pues se ha embarrado de hecho con los mismos que de palabra dice combatir. Políticos con doble discurso convierten la política en algo no creíble.

En estos momentos cada uno de los candidatos sabe que lo mejor para si no es lo mejor para el país, también sabe que lo mejor para si no será el resultado más probable de la próxima elección, sin embargo cada uno insiste es que es el mejor candidato y mantiene la secreta esperanza de que las cifras les sean favorables. Lo penoso es que solamente uno logrará su meta. Se sabe que de uno, su discurso actual desdice la práctica de cuando se impuso, con otros, la tarea de la renovación de su partido, de cuando fue ministro y de cuando fue embajador. Todos pueden cambiar, solamente que para algunos el cambio llega demasiado tarde. Como dijo Condorito, creo que cuando era senador, que la mujer del César no solamente debía ser honrada sino también debía parecerlo. Este candidato si es honrado no lo

parece o si lo parece en verdad no lo es.
 

 

Otro candidato, joven, pintoso y el mundo por delante, fue educado en otro idioma, en otra realidad, en otra cultura, es apoyado por personajes reciclados de todos los frentes de lucha. Su discurso es un poco su destino y su práctica. De todos, es el que más puede tener parte de los atributos de Dios, puede estar en muchos lados sin estar en ninguno, puede hablar mucho sin decir nada, puede intentar dejar a todos contentos: lo único real es que le quita el sueño al peor de los candidatos en este tiempo y el peor presidente cuando lo fue, bueno digo peor en comparación a ciertas capacidades demostradas por los otros presidentes de la coalición que nos gobierna por casi veinte años. Lo de peor no significa que yo haya esperada nada de su gestión, pues no está en la cabeza de este señor ofrecer nada digno al pueblo de Chile. ¿Qué se puede esperar de un diablo conocido? Que sea menos malo que un diablo por conocer. Lo cual no es un mérito tratándose de alguien que tiene

experiencia, pero le falta aquello.

El último del Cuarteto de Alejandría es un señor que no necesita para nada ser presidente, pues al ser dueño de una buena parte de Chile reúne en si un tremendo poder. ¿Tanta vanidad, tanta hipocresía o ignorancia de que el cuerpo después de muerto va a parar a la tumba fría? ¿qué ofrece? Todo y nada. Es el más cercano al difunto López, conocido con otros nombres y poseedor de un largo expediente criminal, este candidato hizo mucha de su fortuna a la sombra del difunto, pero, paradoja, es el candidato con mayor opción. Pobre tipo, pues los días venideros hasta el resultado final serán de un constante dolor de muelas: tan cerca del efímero triunfo y al mismo tiempo tan lejos, salvo que logre el milagro de ofrecer lo imposible.

Nada nuevo bajo el sol dice un dicho antiguo, nada nuevo en esta elección. La gente de abajo, los descapitalizados, los siempre perdedores, los que apenas logran sobrevivir con su trabajo, los que hacen milagros para parar la olla, los que a pesar de todo sonríen a veces, pueden apoyar más de lo mismo o decir basta y enviarlos a todos al cuarto oscuro. Sin embargo en este nada nuevo hay una constante y un hecho que rompe. La constante es que nadie ha logrado llegar a la gente que no se inscribe en el juego electoral, tarea para la casa para la auténtica izquierda. El hecho que rompe es el surgimiento de una izquierda auténtica, la que encabeza el MPT. En todo caso nadie escribe el futuro hasta que este no sea ya pasado. Falta poco para confirmar y emprender de nuevo la utopía, ahora con más fuerza y por camino propio.

 

 

 

Julio Piñones Lizama: Jorge Etcheverry: la poesía de la escuela de Santiago-Sin fronteras

Presentado en el Congreso Chile Mira a sus poetas

 

En el espacio reducido de esta ocasión, se intentará presentar una aproximación parcial a la teoría y escritura poéticas de este autor.  Digamos para comenzar que el año de nacimiento de JE, coincide con el término de la 2ª Guerra Mundial (1945) y el casi inmediato inicio de la 3ª Guerra Mundial No Tan Fría; lo que pareciera anunciar la siguiente conflictividad de los años que vivirá, junto con sus coetáneos y compatriotas.  Son años que desatarán ciclos agitados en todo el mundo y, en especial, en una sísmica isla llamada Chile, ubicada muy distante de los centros de poder del mundo y que se afirma como cayéndose al océano Pacífico.  Los tiempos que vivirá en esta isla son, sin embargo, de fuerte resonancia política y cultural en el contexto de esta 3ª Guerra Mundial.

Mucho se podría decir sobre el personaje y el marco de esta referencialidad, sin embargo, preferimos atenernos a esta acotación semiótica de nuestro discurso: “Desde el punto de vista del estudio de la cultura, sólo existen los mensajes que son textos” (Lotman, La semiosfera II 167).  Por ello, nos remitimos a las expresiones teóricas fundacionales de JE, según las expresa en la primera publicación importante que hará como integrante de la Escuela de Santiago.  Dice allí el poeta en su Manifiesto: “No es una época para detenerse en muchas determinaciones en torno a los objetos cuando cambian su figura incluso en las proximidades de la velocidad de la luz” (JE, 33 nombres claves de la actual poesía chilena, 228-229).

Por esta mutabilidad mundial de los aconteceres, en una proporción incongruente con la pequeñez del país, centenares de miles de vidas chilenas se verían afectadas por los impulsos reformistas y revolucionarios de un sector de la sociedad; y por la respuesta armada impulsada por un sector reaccionario de ésta.  Como resultado de estos procesos, en el contexto de la sexta y séptima década en Chile, JE debe exiliarse en Canadá, donde ha tenido una importante labor de creación y de difusión internacional de la literatura latinoamericana, marcada por un nítido signo de resistencia política y cultural al sistema neo-capitalista. (V. “La cita trunca”, en www.etcheverry.info, www.literaturachilena en Internet, y otras fuentes).

Considerando el fenómeno productivo que emerge de la lectura de JE, pueden desplegarse la visión actual sobre lo que fue su discurso de los 68 y la interpretación de sus textos contemporáneos.  En aquellos años de los próximos 70, escribía:

“ — habla por ti, pero lo mismo por tu tribu — habla el bardo, relata, cuenta el pasado — prepara los corazones a la explosión que perfila un futuro para nosotros — describe emocionado ese mismo futuro.” (33 nombres… 229).

La conexión de estos enunciados con el siguiente texto que se considerará no es el único sentido que se desprende de esta confrontación, puesto que las descodificaciones que ofrecen estas formas son muy polisémicas; pero es constructivo exponer parte del cambio epocal acontecido en un discurso epistolar, cuando, en el primero de los poemas que citaremos de una selección del libro Vitral con pájaros, de 2002, un emisor pregunta a un destinatario amical por aquel mundo que omite el concepto de un habla poética integrada a la recepción comunitaria y que excluye la idea de un futuro:

      

Dónde están los otros

los compañeros de la vanguardia

los que se atrevieron a medias en el 68

pero que no se atreven más

Acaso hay que disculparles las señoras 

las pegas, los cabros chicos […]

Pero dime, reptil o sapo

¿Y eso era todo? […] 

¿No estábamos destruyendo el lenguaje y el mundo 

Mientras los cabros en Francia se tomaban Nanterre 

y Turcios Lima asaltaba el tren en Guatemala?

(JE, “Conversación con Martínez” 39-40)

 

Se evoca la pregunta del tópico clásico latino de las ausencias (¿Ubi sunt?), pero más que el desconsuelo de la evocación tradicional, lo que tenemos en este texto ha tendido a la denuncia desprovista de todo dramatismo y grandiosidad: Se ha empleado un lenguaje que asume, hasta en los más corrientes detalles textuales, los signos propios de las comunicaciones específicas de que se trate, tal como los datos de la dirección postal del amigo apostrofado en la carta.  Desde este coloquialismo, se habla con soltura del abandono de las causas revolucionarias (políticas y estéticas) que han hecho muchos pares con el fin de acomodos variados, sin que haya una condena enfática e imprecatoria en contra de tales; solo un reproche pálido en un tono menor que hasta parece hasta comprender estas debilidades:        

        

Y qué pasó con la otra vanguardia

la poética 

que andaba leyendo a Rimbaud

y a Maiakovsky 

y al Nelligan…

Porque te digo

los otros están ocupados en otras cosas: 

de sus libros de ensayos

de sus cátedras

del hueco que se pueden hacer

aquí o en Chile

Y cuando el cuerpo se pone viejo

al menos hay que mantener un status (40-41) 

 

El discurso explicita la conclusión descarnada que se extrae de estos enunciados:

 

—No somos más los pájaros salvajes del 68

que nos agarrábamos con el mundo (41)

 

Es interesante observar que si bien hasta ahora han aparecido en el poema grandes referencias históricas, literarias, universitarias y planetarias, no ha habido magnificencia estética, ni semántica. En su instancia final, se gira, aún más, hacia un coloquialismo más extremo que rompe con cualquier énfasis solemnizador o patético, como también con toda exaltación del ego emisor, revelándose aquí una característica constante de la poesía de JE: su alejamiento de los tonos líricos mayores, de la grandilocuencia, del sentimentalismo y del auto-elogio poético:

 

(A lo mejor sí

 a ratos  

Por eso no nos va muy bien

que digamos) (41)

 

El discurso se cierra como otra voz que busca retratar NO lo épico de la lucha contra el sistema; SINO los costos personales que implica tratar de mantener esta lucha, aunque sea esporádicamente.  La tendencia a este subdiscurso ha ocupado la forma entre paréntesis para situarse intercalada en momentos que la altura referencial pudiera estar escapándose al control metódico del hablante.  A la pretendida naturalización del autor francés en Chile, le sigue el uso popular chileno del lenguaje (“el… tal”):

 

¿No íbamos a ser los Rimbaud chilenos? 

(Como decía el Jonás) (39)

 

Así las significaciones del poema manifiestan esta especie de verdad semifinal con toda la espontaneidad del uso dialectal del español en Chile, imborrable en la memoria del poeta exiliado.  La desprovisión de retórica del lenguaje favorece la simple y franca enunciación de los hechos; la comprobación de una renuncia a lo superior con cierta pena entrevista, pero sin gloria, sin épica de los acontecimientos, sin historia con mayúscula; sino, en cambio, solo el despojo de lo imaginado, la claudicación y el acomodo a las nuevas condiciones; la desaparición de lo complejo; lo ilusorio de aquellas proposiciones que coinciden con otro engaño de la realidad: la juventud en la cual se formulan. En fin, lo engañoso de aquel magma temporal (“Trotzki poetiza la Revolución de Octubre. La produce (JE, 33 nombres 229), o tal vez, hoy como ayer, JE escribiría una de las anticipaciones expresadas por él en el 68, sin pretender explicar nada en detalle: “Quedaron lejos las causas — se trata de girar en torno a los efectos, no a las causas” (1968: 229).   

La decepción transmitida en este texto, sin embargo, no se da en un grado absoluto, la polisemia riquísima de esta producción no lo permitiría: se trata de la persistencia de una ambigüedad que niega paso a lo monotemático.  Las comunicaciones de JE que proceden desde Canadá hacen posible recrear las implicancias de su escritura teórica, la cual, significativamente, cierra esta publicación de 1968, con una presencia de la Escuela de Santiago válida como expresión de una historicidad poética diferente: la que se destaca allí como disidencia del discurso oficial de la poesía convencional vigente en aquellas décadas de los sesenta y los setenta.  Parte de esa diferenciación, se traduce en estas tesis de los manifiestos de la Escuela de Santiago y de JE, en particular, quien alza las mayúsculas en esta enunciación:

 “AQUÍ NO EXISTE POESÍA NI PROSA: AQUÍ SOLO EXISTE LA PALABRA —potente, indiferenciada — mentando al mundo en su conjunto —o tratando de hacerlo como en los primeros tiempos” (1968: 229).

Esta voluntad lingüístico-creativa es la que sobrevive en Vitral con pájaros, poemas que incorporan una clase de cultura, que es la del exilio latinoamericano en el ámbito anglo-canadiense, discurso escrito en español/chileno y publicado en ediciones bilingües por un latinoamericano, con más dificultades para editar allí, incluso, que en el 4º mundo, como se evidencia en el poema “Contrato editorial” (53).

Escritura esencial, nunca adjetiva, sino substantiva, se trata aquí de una poesía que parte construyéndose desde una génesis interna que se instala desde un estado mental determinado que intenta “interpretar” (JE: 13) las proyecciones de su “sí mismo” sobre la exterioridad de su entorno (V. Lotman 140 y ss.); la enunciación de ámbitos y elementos del espacio urbano, por ejemplo:

 

Nace la profusión de esquinas y estatuas

de plazas públicas

de construcciones subterráneas  

bajo las estaciones del Metro (JE, “En el bus” 13)

 

Se trata de sitios existentes en una cierta neutralidad que deviene en una transformación de este mundo, bajo la futura amenaza bélica, consustancial al orden capitalista:  

 

Alguna vez servirán de admirables

refugios antiaéreos (13)

 

Si bien hay uniformidad semiótica en los desplazamientos civiles y laborales:

 

Desde allí y por allí, en esos nódulos

confluyen las gentes a horas precisas del día

entre ocho y nueve

doce y una, y a las cinco (13)

 

Por medio de una construcción paralelística se destaca la diversidad lingüística:

 

en la enrevesada lengua de los francófonos

en la lengua directa de los anglófonos (13)

 

Hay un contraste expresivo entre “enrevesada” y “directa”, según la fuente originaria de los hablantes, lo que plantea otra escisión de la realidad referida.  Similar oposición semiótica se genera de

 

Se vive en los buses

de la Comisión de Transporte Público (14)

 

con relación a 

 

la suspensión de la vida privada

y cualquier otra visible (14)

 

Donde se opone el semantismo contradictorio entre lo “público” y “lo privado”.  De este modo, lo macro-existente y los actantes que viajan en este vehículo pasan a constituir un micro universo, donde se internaliza y se hace lenguaje todo lo que se observa. La percepción poética se hace cargo, también, de lo minúsculo:

 

Pero nos fijamos en cada detalle 

en cada circunstancia (14) 

 

Aunque esta remitencia no apunta a esclarecer la visión de estos seres, ni a exponer transparencia comunicativa alguna, puesto que las funciones sociales, los roles laborales y las actitudes de ocasión, generan una convivencia dentro de un espacio de alienación

 

Y en eso somos todos los hombres y mujeres

sentados en el bus

que se conscientemente anulan

debajo de sus trajes y gafas 

los empleados, los intelectuales de barba  

las mujeres funcionarias de rasgos angulosos 

y ojos pálidos

que aprietan las piernas 

y ponen la frente lisa del día de negocios (14)   

 

Estos fenómenos son similares a los que acontecen en “Habitar en el barrio” (JE, Vitral 32).  Aquí la percepción del existir en-y-desde una extranjeridad, también se presenta por medio de la oposición de espacios:

 

¿No decías que tu aldea era chica?

 

Ya aparece la escisión dual de la voz del enunciador y de la recepción de aquel otro que fue —el interpelado del enunciado— al formularse la pregunta por parte de quien se mira desde un presente en tierra extraña, global, mayúscula y se contrasta con ese otro emisor que, de algún modo, lamentaba la pequeñez de aquel espacio anterior en el cual habitó.  El espacio deseado parece encontrarse no en esa inmediatez natal, sino que en lo lejano, en lo imaginado como amplitud, grandeza de mundo, lugar resplandeciente de belleza femenina (32).

 

En el plano onírico, la trasgresión de los límites solía ser posible, con la oposición noche/liberación; día/reducción, más un aspecto incorporado a la visión dual que se contempla: el de lo panorámico:

 

… picachos nevados…

Ahora mirados desde arriba (32)

 

La retrospección indaga por el modo cómo se vivió una juventud que aparece relativizada, probablemente, por la respuesta de la intelectualización, la cual ingresa en el poema por medio de una voz extraña o de un desdoblamiento de sí: 

 

-Leías mucho- (32)

 

El giro irónico de la experiencia presente, expone la destrucción de las expectativas de esa juventud disconforme con las limitaciones del lugar natal.  Los desplazamientos del personaje extranjerizado se circunscriben metonímicamente a intereses muy focalizados (“ir al correo”), con escasa comunicación con otros (“No contestas las llamadas…”), sin mayores sueños como los de antaño (“Por las noches volabas / cruzabas los picachos nevados del día” vs. “… duermes poco”).  Lo real ya no es percibido por el ser directamente, sino que el conocimiento del clima se obtiene mediatizado por la artificial “televisión”.  Lo helado del invierno se transmite por la necesidad de abrigarse extremamente antes de alguna salida, motivada por otros intereses muy restringidos:

 

a una aventura de cuatro esquinas

o un café y un periódico

lo más cerca posible. (32)

 

Así se conectan paradójicamente dos espacios que en la ilusión evocada deberían haber aparecido como opuestos, sin embargo, el personaje se reencuentra con la reducción existencial en ambos casos, tan constreñido esta vez por una salida “lo más cerca posible”, tanto como el enunciado juvenil de la pequeñez aldeana de su patria.  De modo que no hay aquí un reconocimiento del espacio reducido como ámbito inicial de la limitación, puesto que ésta no se acaba al haber accedido a ese espacio exterior planetario, lo que no se explicita, sino que se descubre por la enunciación objetivizada de las acciones del personaje en la segunda estrofa del poema.  El ser vuelve a instalarse en la decepción, pues conocidas las “vastas ciudades” no logra concretar lo que su impulsividad erótica le hacía imaginar: el que estuvieran “llenas de mujeres hermosas”; por lo cual no hay lamento alguno. Los enunciados del texto sólo comprueban realidades que han acontecido, incluso, el poema puede parecerles a sus lectores como la exposición de un tránsito dicotómico doloroso; pero más parece ser una enunciación donde se mientan hechos, desprovistos de afecto o, más bien, incorporados a la legalidad de una condena existencial ante la cual no procede y es inútil intentar cualquier clase de rebelión.     

“Astronauta”, el poema que cierra el libro Vitral con pájaros, intensifica esta expresión de extranjería.  Esta vez, el desplazamiento hacia lo lejano y ajeno se proyecta más allá de lo planetario, por cierto, sin viso de huidobreanismo.  No es un Altazor y las significaciones que le pertenecen, quien enuncia esta voluntad de ascenso, formalmente triplicada: 

 

Subiría de la atmósfera hacia arriba

hacia arriba, hacia arriba (84)

 

Lo remoto y desolador es la orientación que se le da a este ánimo de partida:

 

la estratosfera y el frío

como flecha hacia el espacio (84)

 

Simplemente, se reconoce la amplitud de la visión a la que se accedería desde esas alturas, sin que se manifieste gozo, ni haya gran exposición temática.  Se reitera, en cambio, el dato textual de la frialdad:      

 

muy abajo el oliváceo de las costas 

y opalino el casco helado de los polos (84)

 

Tras lo incierto y lo que no puede someterse a medición, subyace la inconfesada búsqueda de liberación por la angustia existente (contenida y no dicha):

 

a lo negro, inmensurable (84) 

 

La proyección del discurso orienta el significante del discurso hacia lo frío y aislado, con doble adjetivación que reitera lo desprovisto de luz, lo desconocido, lo que se oculta a la vista humana:

 

más allá de la Luna y su mitad oscura 

sola (84)

 

La figura central del poema, la del astronauta que le da título al texto, adquiere una fuerza expresiva muy poderosa cuando el deseo de alejamiento se cita junto a la situación de quien parece ser viviente, condenado a su ostracismo cósmico, lo que se funde con la figura del hablante, como un perpetuo exiliado:

 

y del hombre que quedó girando eternamente

abandonado (84)

 

Se propone una ruptura de fronteras en este viaje liberador: 

 

y los cascos de naves impulsoras

o satélites vacíos 

que recorren su infinita trayectoria 

con su resignación

metálica

con su resignación

rápida y dorada

más allá 

hacia arriba, hacia arriba (84-85)

 

La voluntad de ascenso decrece con el número de dos reiteraciones de este ánimo, habiendo aparecido con más fuerza en la triple reiteración del comienzo del poema; lo que estaría mostrando el inicio del abatimiento de esa aspiración.  Los objetos voladores que se cita, están dotados de la cualidad de la resignación, la misma que el hablante desearía para sí.  Las adjetivaciones que se asocian a esta cualidad están significando lo fuerte, lo que resiste; lo que es veloz y ligero; lo que es valioso y áureo; tal vez, las probabilidades de acceso a la libertad final con la que se permite soñar el personaje central de este poemario.         

En suma, la producción receptiva de parte de la teoría y de la poesía de JE consiste en lo que sigue: un fuerte desarrollo de sus tesis enunciadas en 1968, manifestadas en sus publicaciones del exilio en Canadá; a lo cual se agrega, entre otros caracteres, un manejo irónico de distintos planos referenciales: el de las macro-enunciaciones y sus combinaciones con las cotidianidades (“Darwinismo” III, II: 52-56, “Reflexiones del Marqués de Sade” 49; “El trono de San Pedro” 28).  Se suma a esta riqueza expresiva, el recorrido narrativo por instancias de valor histórico sometidas a una lupa observativa ceñida al más desnudo reconocimiento de verificación actualizado:

 

No empezar a referirse a esto

sino desde la cotidianidad más absoluta” […]

banalizados los monumentos

 por enjambres de turistas (“Teotihuacán” 43) 

 

El ámbito anglo-canadiense ingresa al ser del personaje exiliado que padece la impersonalidad y frialdad de trato de sus anfitriones ocasionales (“En el consultorio” 31). Desde otra formulación análoga a este tema, la dicotomía de los ámbitos de lo natal – lo extranjero, el alejamiento inicialmente pensado como breve temporalidad y retorno, contrapuesto a la resignación posterior de engendrar hijos extranjeros a los cuales mantenerles viva la memoria cultural de un país invisible que no conocen; se formaliza en el texto “Exiliados” (20-21). 

En otros casos, interesante y novedosa aventura lingüística se emprende entrelazando formas idiomáticas habituales que traducen la interioridad desgastada del sujeto y formas que incorporar usos secularmente distantes de la evolución del español, dándole un grado de presencia al humor (“Fablas… fermosa fembra… Non vide otra cosa que gentes y edificios”, en “Épica cotidiana” 16).

Hasta aquí esta breve ponencia que sólo ha intentado llamar la atención crítica de una poesía que se desconoce en Chile, estimulando la realización de mayores estudios sobre sus vastas dimensiones. Aquí se han evidenciado algunos contornos interesantes de una obra poética escrita por un chileno que, como muchos otros, asumieron el exilio como una condena permanente.

 

Obras citadas

 

Jorge Etcheverry. En “Escuela de Santiago”. 33 nombres claves de la actual poesía chilena. Núm. especial de Orfeo: Revista de Poesía y Teoría Poética. Santiago, (1968).

———. Vitral con pájaros. Ottawa: Editorial Poetas Anti-imperialistas de América, 2002.

Iuri M. Lotman. La semiosfera II. Madrid, 1998.

 

 

 

Julio Piñones nació en Antofagasta, en 1948. Es profesor de estado con mención en castellano (Universidad de Chile, 1973) y Doctor en Literatura Hispanoamericana (Universidad Complutense, 1990). Actualmente ejerce como profesor de Teoría y Estética Literarias en la Universidad de La Serena.

En los años sesenta publicó poemas en las revistas Humboldt (Alemania), El Rehilete (México) y Taller Literario (Cuba). En 1970 y 1987 recibió premios de la Ilustre Municipalidad de Santiago y de la Sociedad de Escritores de Chile por libros inéditos y el 1997, el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, le concedió la beca “A la trayectoria en el campo de las letras” y en 2004 recibió la Medalla de Honor Presidencial por el centenario de natalicio de Pablo Neruda. En 1982 publicó su primer libro de poemas, Andadura (Valdivia), en 1991 Poemares (La Serena), en 1994 Pecados cordiales (Valdivia), en 2000 Bellas y orates y en 2008 Travesía, en La Editorial Universitaria de La Serena. Ha sido antologado en Orfeo (1968), en Literatura Chilena, Creación y Crítica (1983), Poesía nueva de Chile, California, 1983 y En el ojo del huracán (1991). Ha publicado ponencias, ensayos y estudios literarios en revistas especializadas.


 




 

Poesía y Exilio


Por Jorge Etcheverry

Ponencia del poeta en

Primer Festival de Poesía de Resistencia

Toronto Canadá

 

 

Hay que tratar de determinar la conexión entre poesía y exilio, qué es lo que hace que la poesía sea la forma artística más cultivada en una situación de exilio y a la vez, el vehículo literario más productivo para expresar los problemas sociales y políticos del momento. Quizás sea su conexión con el “corazón humano”, que es lo mismo que la conecta con lo que le importa más a la gente, no tan sólo en términos personales o individuales, sino en general, ya que la separación no existe, ya que los seres humanos no pueden ser separados de su entorno, social, cultural, político o cualquier otro. “Yo soy yo y mis circunstancias”, dijo Ortega y Gasset. Es decir las circunstancias, el yo y la poesía, lado a lado. La poesía es, entre otras cosas, la forma más inmediata de expresión artística mediante el lenguaje, quizás solo después de las letras de las canciones, que a su vez pueden ser otra forma de la poesía.

 

Sin embargo, además de su conexión con la palabra hablada, sus aliteraciones, sintaxis y ritmo, aparte de ser una expresión de sentimientos ligada a la expresión física y corporal, la poesía es una forma de representación, y en tanto tal, una forma de conocimiento,.

 

Si aceptamos que la poesía es una forma de representación, de conocimiento, entonces lo será del mundo objetivo, y se instalará allá, delante de nosotros, como tantas otras instancias mediadas—las únicas posibles—del conocimiento humano.

 

Pero la poesía es la forma de representación literaria más inmediata y comprometida—en un sentido amplio—, ya que requiere que el conocimiento se haga presente en el acto mismo de la creación o actuación poética. Incluso luego de los intentos más radicales para des-significar la poesía mediante la combinación al azar de palabras y frases, el significado permanece y se instaura a través y en esta mezcla aparentemente caótica de sonidos, letras y palabras. Entonces podemos afirmar que los poetas siempre están cercanos a, o dentro, del ojo del huracán, del meollo de las cosas, en la medida misma en que están expresándose a sí mismos, no porque la poesía sea esencialmente y excluyentemente una expresión lírica, sino porque de manera inevitable en su manifestación abarca al mundo. La poesía, como sus progenitores y compañeros de ruta — el mito y la religión — se desarrolló entre “los trabajos y los días”, registrando los momentos destacados de la vida histórica y cotidiana, ya sea en la palabra exaltada de los profetas y sacerdotes o en el lenguaje de la calle, o ambos, a la vez que expresaba la posición del hablante o la comunidad.

 

En este mundo contemporáneo de nómadas y expatriados, de migraciones y transhumancia, el exilio no es excepcional.  El filigrana complejo y abarcador de la novela parecería ser el instrumento más adecuado para crear un patrón que abarcara a todas esas odiseas — al absorberlas, digerirlas y expresarlas. Pero sin embargo es la poesía y no la novela la que puede representar todo eso muchas veces fragmentario en la mejor y más rápida forma y a la vez comunicar o expresar las opciones disponibles para la comunidad exilada. La poesía es inmediata, reúne a una audiencia a su alrededor. La presencia del poeta que habla es esencial, así como el recitado (incluso el recitado que de alguna manera hace el lector individual de un libro de poesía). De ahí que a menudo las comunidades exiladas incluyen a la poesía en sus eventos políticos, junto a las canciones que narran la lucha de los exilados y los lazos que los unen a su tierra natal. La poesía puede jugar diversos papeles en la comunidad exilada pero siempre está ahí. El poeta puede compartir, preservar y divulgar las causas y problemas de la comunidad exilada en su lenguaje original. En la comunidad de compatriotas en el país anfitrión, el poeta testifica la permanencia de esta comunidad exilada y sus lazos con el país originario y su historia. No es necesario que los poemas traten de temas específicos. La poesía del exilio puede ser y habitualmente es, determinada temáticamente— compromiso político o nostalgia personal — pero no tiene que ser necesariamente así. En la experiencia de la comunidad chilena exilada en Canadá, en Ottawa, específicamente de fines de los 70 y comienzos de los 80, en cada evento de solidaridad el público escuchaba poemas comprometidos, las canciones de Víctor Jara, la música de los grupos chilenos emblemáticos que interpretaban los artistas chilenos locales, pero también los poemas en prosa más o menos crípticos de los miembros exilados de la Escuela de Santiago (agrupación neovanguardista urbana del Santiago de los sesenta y comienzos de los setenta) y fragmentos de La ciudad de Gonzalo Millán, que se convertiría en una obra emblemática del exilio poético chileno y la poesía chilena en Canadá. La resonancia lingüística y el contenido de esos textos impactaba al público que reconocía experiencias vividas o de las que sabía, creando así empatía y un sentido colectivo de pertenencia.

 

La poesía como elemento cultural y político del exilio es un hecho vital de larga tradición. Cuando los miembros de la comunidad salvadoreña de Ottawa se reunieron en un café para seguir la elección que tenía lugar en esos mismos momentos en su país, a nadie le sorprendió que hubieran invitado a poetas a ese evento que muy pronto pasó a ser celebración. Existe una red mundial y más o menos informal de poetas que utiliza las tecnologías de información y comunicación para transmitir y divulgar casi inmediatamente su posición frente a situaciones que antes los poderes fácticos mantenían ocultas del público en general.

 

Esta red de poetas forma parte de una red informal de solidaridad, e incluye listas de sitios que la gente puede usar para conversar, intercambiar textos, documentación y opiniones, protestar contra determinados sucesos o acciones, divulgar información o firmar peticiones y declaraciones. Poetas del Mundo, con más de 5.000 poetas miembros en múltiples países, ejemplo del éxito de este tipo de redes, es una organización mundial de poetas regida por el principio de promover la paz y equidad mundiales y luchar por ellas. Los eventos y festivales organizados en las Américas por el Taller Cultural Sur que opera desde Montreal, son otro ejemplo de la amalgama de poesía y solidaridad en el continente, y por supuesto están los Poetas Antiimperialistas de América también con sede en Montreal, el portal precursor y quizás el más importante, compuesto de poetas reconocidos nacionalmente en sus países y con posiciones progresistas y revolucionarias.

 

Es obvio que cualquier grupo o comunidad exilados van a tener su cuota de poetas, a veces reconocidos, muchas veces activistas culturales, a menudo además críticos o ensayistas, en general activistas que participan en trabajo político o de solidaridad.

 

La historia, especialmente en las Américas, está llena de estos poetas exilados polimorfos. Pablo Neruda produjo en el exilio su Canto general, que algunos consideran el trabajo más importante de la poesía latinoamericana. Y fue la nueva perspectiva exterior a su ambiente habitual, la situación en el exilio lo que permitió que Neruda, sin perder su modo de expresión ni su impulso, pudiera haber escrito este poema desde la perspectiva dual del participante y el observador.

 

Hoy en día el exilio es una realidad que puede abarcar a comunidades a menudo no plenamente integradas en el país anfitrión. Algunos de estos grupos en exilio no desean ser totalmente asimilados, ya que su visión de mundo y concepciones políticas y sociales nunca van a ser aceptadas en la cultura de corriente principal, e incluso podrían ser objeto de anatema. La globalización impone homogeneidad. El comercio elige y utiliza todo lo que puede empaquetar, promocionar y vender. Puede ser ropa, comida o espectáculos, incluso la religión de una población emigrada/exilada. Pero no puede comercializar una ideología que promueve un sistema económico y social alternativo. En este entorno, el pensamiento político, producido localmente o importado por quienes lleguen del exterior, no será bienvenido. Las sociedades desarrolladas tienden a convertirse en unidimensionales. Terminan por aislar a la gente en tribus diferentes. Crean individuos aislados y alienados.

 

En este contexto, la poesía puede convertirse en el compendio de los signos culturales que no se pueden expresar de otra manera. Tiene un efecto catártico. Después de asistir a una reunión en que se ha leído poesía, la gente se va a la casa de alguna manera calmada, satisfecha.  Para las comunidades exiladas, o nacidas en el exilio, la poesía sigue siendo la manera literaria principal de mantener un vínculo con su identidad original o de continuar elaborando una nueva identidad sin perder en su totalidad la antigua. Ya se han mencionado algunas redes de poetas que se despliegan por el mundo. Con seguridad hay otras, cuya presencia es la posibilidad del refugio virtual en una cofradía para compensar de alguna manera los avatares de la vida cotidiana, muchas veces alienada o carente de plenitud. Pero a la vez nos unen en los exilios internos o externos, refuerzan los vínculos con otros poetas y amantes de la poesía en todo el mundo, que comparten nuestros principios básicos y que desde la infinita pluralidad de sus voces, estilos y poéticas aspiran a ese nuevo mundo mejor, más pacífico y equitativo, que a veces se suele esbozar detrás o más allá de este. 

Tierra y escritura

 

Por: Omar Cid

   

     Las vertientes post-modernas conservadoras del análisis literario,  han puesto énfasis en la importancia del texto poético, como un objeto cultural globalizado,  excluyendo al sujeto creador y su historia.  

     Si hay algo que distingue al llamado pos- estructuralismo, es su  abandono a las cargas de  responsabilidad que el arte y la literatura asumían en su sentido moderno, es decir,  la relación que se produce entre creación y factores como: la vida, la sociedad, el mundo.

     Para los hijos de la pos-modernidad literaria,  la crítica no es más que un dispositivo de los llamados "juegos del lenguaje" ubicados  en el terreno de lo estético.

     La muerte del sujeto expresada por Michel Foucault, se entendió como la necesidad de indagar en los archivos, en la letra, enterrando una de sus lecturas más electrizantes, entender el fenómeno moderno, como un proceso de exterminio del factor humano.

     En este contexto social y cultural, la obra poética de Lucila Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral) nacida en Vicuña, en los terruños de Coquimbo el 7 de abril de 1889, es una piedra en el zapato o dicho de manera académica, es un agente teórico que atenta contra las lecturas pos-modernas y globalizadas,  de lo que se entiende por producción literaria.

     No se trata de excluirla de las antologías, como lo hicieran los vanguardistas Volodia y Anguita, el problema es desde donde analizar su obra, ¿Es posible hacerlo solamente desde el código?  La propia Gabriela cierra las puertas a esa posibilidad, en los Cursos de Verano efectuados en Montevideo durante 1931[i].

    En ese relato cuenta a los asistentes sobre su modo de escribir, las horas en que puede hacerlo, los lugares que escoge para lograr el fin deseado, lo hace, con el oficio y la decisión de quien no desea ser interrumpida…sin embargo,  hay una parte del relato que establece una unidad casi monolítica en su estilo y que termina ligándola a la tierra, su tierra,  guardada en una bolsa de plástico y que la acompañó durante los largos años de su estancia en otros países “Salí de un laberinto de cerros y algo de ese nudo sin desatadura posible, queda en lo que hago, sea verso o sea prosa”.

     ¿Es posible hablar de Gabriela y excluir el valle del Elqui, Monte Grande? A mi juicio estamos en presencia de una mujer que fue parte de una transición cultural, social y política y ello se traduce también en sus escritos. 

     La voz de Gabriela,  es en principio el vocablo de la tradición, no la que se refiere en forma repetitiva al pasado, se trata del concepto explorado por Gadamer[ii] a partir de las lecturas de Heidegger, Gabriela era en sí misma -un ser-en la tradición- una habitante de la naturaleza y del proyecto de compresión humano:

“A beber luz en la colina

te pusieron por lirio abierto

y te cae una mano fina

hacia el álamo de mi huerto”

              (Extracto del poema: A la virgen de Colina, Texto Desolación) 

 

     O en su sentido más existencial: “Esta alma de mujer viril y delicada, /dulce en la gravedad, severa en el amor,/ es una encina espléndida de sombra perfumada,/ por cuyos brazos rudos trepara un mirto en flor”. (Poema  La Encina, Del texto Desolación)

     Pero su interpretación de la realidad no se agota ahí, su propia búsqueda de la palabra es un esfuerzo moderno de auto-reflexión -en ese sentido- la campesina, la muchachita criada en los alrededores de Coquimbo, se levanta con un proyecto propio.

     Defiende su condición de mujer, de escritora incipiente en los medios de la comarca, defiende su sustento con el oficio de educadora, para luego (muy tarde) ser reconocida como maestra.

     El chile patriarcal, terrateniente y oligárquico cierra sus puertas a la mujer de origen humilde, la modernidad bajo los ojos de los socialismos nacientes la desconocen,  “tanto canto a lo divino, les quita el sueño”.

     No quiere correr la suerte de los profetas y emigra, sin embargo, su único domicilio es el de la infancia[iii]. 

     Pero eso no la aleja del mundo, su compromiso es abierto, la educación va a jugar un papel fundamental para unir voluntades, viaja a México, recorre América Latina, solidariza con los pobres del continente.

     Recién en 1951 se le otorga el premio Nacional de literatura, téngase presente que en 1945  la academia sueca la premia con el Nobel literario, tuvieron que pasar largos seis años, para que los señores de las letras chilenas la reconocieran.  Su salud en ese periodo era delicada y se excusa de no asistir a recibirlo, pero en su mente se encuentra la tierra natal y dona la totalidad del premio a los niños del valle de Elqui, es decir, devuelve en un mudo gesto, el don que cultivó con sus manos e intelecto.

     ¿Puede estudiarse la poesía de Gabriela,  descartando el sentido místico del entorno de la infancia? Una de las particularidades de Monte Grande, es la conexión que se produce entre el hombre y el silencio, entre el hombre y la sequedad del entorno. Incluso hoy, con toda la tecnología existente, el viaje tiende a languidecer los sentidos.

     Para quienes están acostumbrados al murmullo de la ciudad,  a la poesía del ombligo escrita en los rincones del parque forestal, visitar el valle del Elqui, es recién comenzar a entender el largo camino de la niña que quería ser profesora y terminó siendo poeta.  

    En Tala, la mujer instalada y reconocida emite un susurro: “Quiero volver a tierras niñas” el mundo la acoge, pero en su corazón sufre el extrañamiento.

    Gabriela, la mujer de América, sabe que tiene una pertenencia, se reconoce como campesina de un lugar donde el agua y cada árbol reciben la veneración de los hombres y las mujeres, porque lo demás es la soledad de las tierras desérticas, del monte esquivo. 

     Su misticismo no sólo es natural, tiene una fuente religiosa, el catolicismo, ese de la espiritualidad franciscana, no se siente bien en las grandes catedrales, prefiere las iglesias de pueblo, las pequeñas capillas.

“No remuevas la tierra. Deja, mansa

la mano y el arado; echa las mieses

cuando ya nos devuelvan la esperanza,

que aún jesús padece”. 

(Del poema Viernes Santo, Texto Desolación) 

     En 1960, tres años después de su muerte, sus restos son trasladados al lugar donde comenzó su idilio con la poesía, Monte Grande, era su voluntad, con ello se cumplía el periplo.  Ulises, en versión femenina volvía al terruño y Penélope sigue tejiendo versos en el silencio de la noche. 

 

      



[i] “Yo escribo sobre mis rodillas y la mesa de escritorio nunca me sirvió de nada, ni en Chile, ni en París, ni en Lisboa.

     Escribo de mañana o de noche, y la tarde no me ha dado nunca inspiración, sin que yo entienda la razón de su esterilidad o de su mala gana para mí…

     Creo no haber hecho jamás un verso en cuarto cerrado ni en cuarto cuya ventana diese a un horrible muro de casa; siempre me afirmo en un pedazo de cielo, que Chile me dio azul y Europa me da borroneado. Mejor se ponen mis humores si afirmo mis ojos viejos en una masa de árboles.       

     Escribo sin prisa, generalmente, y otras con una rapidez vertical de rodado de piedras en la Cordillera. Me irrita, en todo caso, pararme, y tengo siempre al lado, cuatro o seis lápices con punta porque soy bastante perezosa, y tengo el hábito regalón de que me den todo hecho, excepto los versos.

     En el tiempo en que yo me peleaba con la lengua, exigiéndole intensidad, me solía oír, mientras escribía, un crujido de dientes bastante colérico, el rechinar de la lija sobre el filo romo del idioma.

Corrijo bastante más de lo que la gente puede creer, leyendo unos versos que aún así se me quedan bárbaros. Salí de un laberinto de cerros y algo de ese nudo sin desatadura posible, queda en lo que hago, sea verso o sea prosa”

 

[ii] Heidegger y la tradición filosófica en Gadamer, Luís Enrique de Santiago, Universidad de Málaga “El «proyecto arrojado» que es el Dasein no debe desvincularse de la tradición. De ahí que la definición heideggeriana del Dasein como «ser-en-el-mundo» se «traduzca» ahora desde la hermenéutica de Gadamer como un «ser-en-tradición», fundamento de la comprensión y del autoconocimiento del hombre.

 

 

[iii] Continuo viviendo a la caza de la lengua infantil, la persigo desde mi destierro del idioma, que dura ya veinte años (Petrópolis, Brasil,1945)

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